Pronto aparecieron los tiburones, que dieron cuenta de todos los pasajeros con excepción de Eosdyk, que se aferré a los restos de la plataforma hasta que las comentes lo arrastraron a la costa de África. Aunque impresionó vivamente a los lectores de todo el mundo, el relato fue rechazado por inverosímil. Así, lo que en verdad sucedió a la tripulación y a los pasajeros del Mary Celeste sigue siendo hasta hoy un misterio.