FREILA: Quedaba, como testimonio e la suerte que había corrido,...

Quedaba, como testimonio e la suerte que había corrido, su camisa empapada de sangre; sus herramientas, rodeadas de flechas apaches, aparecían abandonadas en el sitio donde había trabajado por última vez. Con la mayor celeridad, Waltz cargó todo e que podían contener sus alforjas y se alejó de las montañas Superstitior do lo rápidamente que podía llevarle su caballo. Finalmente se instaló en Phoenix, donde vivió hasta 1891. Pero, de manera milagrosa su socio, Weiser, no resultó muerto en el ataque dos apaches. Aunque recibió graves heridas, consiguió escapar y refugiarse en la casa de un médico, el doctor John Walker.