Otras prendas que alcanzan gran valor en el mercado satánico son los diferentes ornamentos litúrgicos. Sobre todo, las casullas. Y es que, como explica el padre Buonaiuto, «hay sectas que hacen ritos con hostias consagradas, LSD y cocaína, muchas veces dirigidos por ex sacerdotes que se han puesto al servicio de Satanás». Manuel Guerra conoce a algún sacerdote que abandonó a Dios por el diablo. Un diablo que, según dice, «cree pero tiembla, porque tiene fe, pero carece de amor»