Entonces, a las dos de la mañana del 2 de octubre, exactamente 37 días después de haber abandonado Canarias, un marinero a bordo de La Pinta lanzó el grito: «Tierral”. Ese mismo día, más tarde, la pequeña flota llegó a una isla, a la que Colón denominó San Salvador. Colón escribió ese día en su cuaderno de bitácora: «Enseguida vimos allí nativos desnudos... Apareció ante nuestros ojos un paisaje con verdes árboles exuberantes, muchos ríos y árboles frutales de varios tipos». Al día siguiente, escribió: «Vi que algunos de los hombres se habían hecho un agujero en la nariz y habían puesto una pieza de oro a través de él... Por algunos indicios, pudimos entender que debíamos ir hacia el sur para encontrarnos con un rey que tenía grandes navíos de oro».