El domingo hubo un momento en que las llamas pudieron haber sido sofocadas, pero los bomberos rompieron las cañerías para llenar sus cubos más rápidamente, y así cortaron el suministro de agua a toda el área. El infierno continuó sin mermar desde el domingo hasta el miércoles. Para entonces, habían quedado destruidas 13.000 viviendas, se habían incendiado 87 iglesias y se habían chamuscado unós 300 acres. Las tiendas instaladas en el Puente de Londres se incendiaron. Algunas chispas cruzaron hacia la orilla opuesta del Támesis e iniciaron pequeños incendios en Southwark. El Guildhall y el Royal Exchange —centros financieros de la ciudad— quedaron reducidos a ceniza. El mayor incendio se produjo en la Catedral de St. Paul, donde el calor hizo estallar las piedras; las tumbas antiguas reventaron, y dejaron al descubierto los restos momificados.