A los eunucos se lo consideraban ser “menos que hombres” e incapaces de "ser tentados" por las mujeres del harem. Esto les permitía ser exclusivamente leales al Sultán. Hombres castrados que por lo tanto no representaban ninguna amenaza a la santidad del harem. Según la tradición musulmana, ningún hombre podía poner sus ojos en el harem de otro hombre, por lo tanto requerían a alguien considerado “menos que un hombre” para el papel de la tutela marital sobre las mujeres del harem.