Los comienzos fueron difíciles, pues no logró convertir más que a su esposa y a unos pocos amigos, y tropezó con una fuerte oposición en La Meca, donde los koroichitas, sus compatriotas, veían con malos ojos la nueva doctrina que atacaba a las divinidades base de las peregrinaciones y de su enriquecimiento. Mahoma no se desalentó, pero al comprobar que su permanencia en La Meca se hacía de día en día más difícil y peligrosa, huyó a Medina -la ciudad rival- acompañado de 150 de sus partidarios.