Vermeer, pintor holandés, nacido en 1632, consiguió el reconocimiento de sus contemporáneos, aunque fue olvidado para ser redescubierto, en 1886, por el francés Bürger-Thoré. Poco antes del inicio de la segunda guerra mundial, aparecieron en el mercado varias telas con la firma de Vermeer (entre ellas La cena de Emaús inspirada en la omónima obra de Caravaggio). Un museo de Rotterdam la adquirió por 270.000 dólares. El supuesto descubridor fue Hans van Meergeren, (1884-1947) un mediocre pintor que se consideraba subestimado. Durante la guerra, la fama de las nuevas obras se expandió por toda Europa. El nazi Hermann Goering compró una tela por 850.000 dólares que envió a Berlín. Acabada la guerra, el cuadro que seguía considerado “auténtico” fué devuelto a Holanda y Meergeren fué encarcelado por vender un Vermeer a los alemanes. El falsificador confesó que el cuadro, junto a otros, eran falsificaciones. Los expertos, llamados a declarar en el juicio, seguían afirmando que eran verdaderos. Para probar qué fue el autor, tuvo que pintar delante de testigos un Vermeer. Declaró que las obras anteriores (con las que había recaudado cerca de 4 millones de dólares) fueron una venganza contra los críticos. Condenado a un año de prisión, falleció antes de cumplir condena.