FREILA: Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos...

Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor, espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba.
Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche sin dormir, nos fatigábamos hasta el extremo de andar dando tumbos como si estuviésemos intoxicadas. Pero, a pesar de todo, teníamos una enfermería; y estábamos realizando una tarea buena y útil. Jamás se me olvidará la alegría que experimentaba cuando, después de terminada mi jornada de trabajo diaria en la enfermería, podía irme a la cama por fin. Por primera vez después de muchas semanas, ya no teníamos que dormir en la promiscuidad indescriptible de la koia, revolcándonos en su mugre, en sus piojos y en su hedor. Sólo había cinco mujeres trabajadoras en esta dependencia relativamente grande.