Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas. Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias. La rapiña de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial. Tras la liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del campo. Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como fertilizante. Las prótesis dentales de oro o platino iban a parar a los bolsillos de los SS. Además de las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar. Los prisioneros de guerra y políticos de cierta relevancia eran fusilados. En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de
espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error. En algunos campos, las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua.
espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error. En algunos campos, las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua.