A la muerte de Alejandro, en el 323, en Atenas se produce una reacción antimacedónica, y como Aristóteles estaba ligado con la monarquía de Macedonia, se le amenaza con un proceso de impiedad, acusándole de haber inmortalizado a Hernias en el himno que le compuso a su muerte. Temiendo correr la misma suerte que Sócrates, Aristóteles huyó de Atenas para refugiarse en Calcis de Eubea, lugar de nacimiento de su madre y donde se hallaba su propiedad familiar. Allí, una supuesta afección estomacal puso fin a su vida al año siguiente, cuando tenía sesenta y tres años de edad.