El poder político de Italia y Alemania pasó del emperador a los príncipes locales y a las ciudades. Los ministriales se rebelaron, tomando el control de las ciudades y castillos que guarnecían y declarándose libres. Durante los desesperados intentos de hacerse de nuevo con Italia, se otorgaron más concesiones a los príncipes locales en Alemania. Hacia mediados del siglo XIII, el Santo Imperio Romano tan sólo existía simbólicamente, y el trono permaneció vació durante 20 años. Los príncipes germanos sólo se preocupaban de sus propias tierras. Por su parte, las ciudades-estado italianas no querían un gobernante germano y eran los suficientemente fuertes como para defenderse por sí mismas.