Los ejércitos imperiales estaban constituidos en parte por arrendatarios de tierras de la Iglesia que debían lealtad al emperador. Otro segundo contingente importante era el de los ministrales, cuerpo de siervos que recibían el mejor entrenamiento y equipo como los caballeros, pero que no eran hombres libres. Estos ejércitos eran utilizados para sofocar revueltas o sublevaciones de nobles locales y campesinos, o para defenderse contra las incursiones vikingas del norte y las magiares del este.