La demanda incesante de víctimas para sacrificios propició que los aztecas no ejercieran demasiado control en las ciudades satélite, pues al facilitar las frecuentes revueltas tenían una oportunidad para capturar nuevas víctimas. En épocas de paz, se organizaban "guerras florales", como competencias de valor y de artes bélicas, o con el objetivo de obtener víctimas. Luchaban con palos de madera cuyo fin no era matar al rival, sino mutilarlo y dejarle inconsciente. Si la lucha era a muerte, incrustaban cuchillas de obsidiana en los palos.