Doce de mayo:
Anoche estuvimos hasta las siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la sexta planta, aunque el edificio no es aún más que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar más tarde porque están en el sitio equivocado. Hemos traído baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho, y pudo contemplar la vista que se disfrutaría desde el emplazamiento. El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: esto pasa siempre en las demos, y él está curado de espanto, dijo mientras le sacudíamos el polvo del traje. Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.
Anoche estuvimos hasta las siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la sexta planta, aunque el edificio no es aún más que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar más tarde porque están en el sitio equivocado. Hemos traído baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho, y pudo contemplar la vista que se disfrutaría desde el emplazamiento. El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: esto pasa siempre en las demos, y él está curado de espanto, dijo mientras le sacudíamos el polvo del traje. Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.