Lina Morgan (II)
Pero al comienzo de la década de los sesenta, cuando su nombre ya era de sobra conocido en los ambientes musicales y teatrales de Madrid, Lina Morgan comenzó a desempeñar pequeños papeles en algunas películas. Enseguida le llovieron ofertas procedentes de varios directores y productores españoles. Y así, en 1962 rodó Vampiresas de 1930; en 1962, Objetivo, las estrellas; en 1963, Julieta engaña a Romeo; en 1965, Las que tienen que servir; en 1967, Soltera y madre en la vida; y en 1970, La tonta del bote, uno de sus trabajos más aplaudidos, junto con el espléndido papel que desempeñó en Una pareja distinta, del director zaragozano José María Forqué, en compañía del actor José Luis López Vázquez. Además, ha trabajado en el cine junto a cómicos de la talla de Toni Leblanc, Miguel Gila y Juanito Navarro -con quien protagonizó, en 1967, Escala en HI-FI, su primera serie para la televisión-. No es de extrañar, por ende, que ya en 1969 fuera galardonada con el Premio de la Popularidad.
Estos éxitos en el mundo del celuloide, reforzados por los papeles teatrales que seguía representando en Madrid (y divulgando luego, en giras, por todas las provincias), hicieron de Lina Morgan una estrella del firmamento artístico español, aupada y sostenida por un público incondicional que, poco a poco, iba apoderándose del repertorio de tics y personajes propios de la actriz, y exigiendo una y otra vez su puesta en escena. Advirtió entonces Lina Morgan que, lejos de experimentos o innovaciones, a esta legión de incondicionales debía ofrecerle siempre (tanto en teatro como en cine o televisión) el mismo esquema argumental y los mismos personajes básicos que esperaba encontrar en cualquiera de sus actuaciones, con lo que pasó a convertirse en una actriz encasillada que, lejos de cansar con sus reiteraciones, cada vez ganaba un mayor número de adeptos. Creó, a partir de este convencimiento, su propia compañía teatral, con la que debutó en el madrileño Teatro Barceló en 1979; y, a pesar de que esta primera aventura empresarial acabó en un rotundo fracaso, la tenacidad de Lina Morgan -y su convencimiento personal de que había dado con una fórmula infalible para colgar todos los días el cartel de "no hay billetes"- la animó a volver a presentarse en el Teatro de La Latina, en el que cosechó un sonoro triunfo con la revista titulada La marina te llama, que permaneció en la cartelera madrileña durante tres temporadas.
Pero al comienzo de la década de los sesenta, cuando su nombre ya era de sobra conocido en los ambientes musicales y teatrales de Madrid, Lina Morgan comenzó a desempeñar pequeños papeles en algunas películas. Enseguida le llovieron ofertas procedentes de varios directores y productores españoles. Y así, en 1962 rodó Vampiresas de 1930; en 1962, Objetivo, las estrellas; en 1963, Julieta engaña a Romeo; en 1965, Las que tienen que servir; en 1967, Soltera y madre en la vida; y en 1970, La tonta del bote, uno de sus trabajos más aplaudidos, junto con el espléndido papel que desempeñó en Una pareja distinta, del director zaragozano José María Forqué, en compañía del actor José Luis López Vázquez. Además, ha trabajado en el cine junto a cómicos de la talla de Toni Leblanc, Miguel Gila y Juanito Navarro -con quien protagonizó, en 1967, Escala en HI-FI, su primera serie para la televisión-. No es de extrañar, por ende, que ya en 1969 fuera galardonada con el Premio de la Popularidad.
Estos éxitos en el mundo del celuloide, reforzados por los papeles teatrales que seguía representando en Madrid (y divulgando luego, en giras, por todas las provincias), hicieron de Lina Morgan una estrella del firmamento artístico español, aupada y sostenida por un público incondicional que, poco a poco, iba apoderándose del repertorio de tics y personajes propios de la actriz, y exigiendo una y otra vez su puesta en escena. Advirtió entonces Lina Morgan que, lejos de experimentos o innovaciones, a esta legión de incondicionales debía ofrecerle siempre (tanto en teatro como en cine o televisión) el mismo esquema argumental y los mismos personajes básicos que esperaba encontrar en cualquiera de sus actuaciones, con lo que pasó a convertirse en una actriz encasillada que, lejos de cansar con sus reiteraciones, cada vez ganaba un mayor número de adeptos. Creó, a partir de este convencimiento, su propia compañía teatral, con la que debutó en el madrileño Teatro Barceló en 1979; y, a pesar de que esta primera aventura empresarial acabó en un rotundo fracaso, la tenacidad de Lina Morgan -y su convencimiento personal de que había dado con una fórmula infalible para colgar todos los días el cartel de "no hay billetes"- la animó a volver a presentarse en el Teatro de La Latina, en el que cosechó un sonoro triunfo con la revista titulada La marina te llama, que permaneció en la cartelera madrileña durante tres temporadas.