Una pareja va con su hijito a una playa nudista.
El chaval se va a jugar a su aire y al cabo de un rato vuelve donde está su madre;
-Mamá, ¿porqué todas las mujeres tienen los pechos más grandes que tú?
-Hijo porque cuanto más grandes tienen los pechos, más tontas son las mujeres.
El chico conforme con la respuesta se va nuevamente a jugar y al cabo de un rato vuelve;
-Mamá, ¿porqué los hombres tienen el pene más grande que el mío?
-Hijo porque cuanto más grande tienen el pene más estúpidos son.
Conforme otra vez con la respuesta vuelve todo contento a jugar. Al cabo de otro rato vuelve y le cuenta a la madre:
-Mamá, papá está charlando con la mujer más tonta de la playa y cuanto más charla más estúpido se pone.
El chaval se va a jugar a su aire y al cabo de un rato vuelve donde está su madre;
-Mamá, ¿porqué todas las mujeres tienen los pechos más grandes que tú?
-Hijo porque cuanto más grandes tienen los pechos, más tontas son las mujeres.
El chico conforme con la respuesta se va nuevamente a jugar y al cabo de un rato vuelve;
-Mamá, ¿porqué los hombres tienen el pene más grande que el mío?
-Hijo porque cuanto más grande tienen el pene más estúpidos son.
Conforme otra vez con la respuesta vuelve todo contento a jugar. Al cabo de otro rato vuelve y le cuenta a la madre:
-Mamá, papá está charlando con la mujer más tonta de la playa y cuanto más charla más estúpido se pone.
Antonio que los dos a la vez
los dos llegamos al mismo tiempo
Esto es telepatia
y pepepaco se nos va
Pero no dijo nada o no lo vi
LA ENCINA
A la maestra Señorita Brígida Walker.
I
ESTA alma de mujer viril y delicada,
dulce en la gravedad, severa en el amor,
es una encina espléndida de sombra perfumada,
por cuyos brazos rudos trepara un mirto en flor.
Pasta de nardos suaves, pasta de robles fuertes,
le amasaron la carne rosa del corazón,
y aunque es altiva y recia, si miras bien adviertes
un temblor en sus hojas que es temblor de emoción.
Dos millares de alondras el gorjeo aprendieron
en ella, y hacia todos los vientos se esparcieron
para poblar los cielos de gloria. ¡Noble encina,
déjame que te bese en el tronco llagado,
que con la diestra en alto, tu macizo sagrado
largamente bendiga, como hechura divina
A la maestra Señorita Brígida Walker.
I
ESTA alma de mujer viril y delicada,
dulce en la gravedad, severa en el amor,
es una encina espléndida de sombra perfumada,
por cuyos brazos rudos trepara un mirto en flor.
Pasta de nardos suaves, pasta de robles fuertes,
le amasaron la carne rosa del corazón,
y aunque es altiva y recia, si miras bien adviertes
un temblor en sus hojas que es temblor de emoción.
Dos millares de alondras el gorjeo aprendieron
en ella, y hacia todos los vientos se esparcieron
para poblar los cielos de gloria. ¡Noble encina,
déjame que te bese en el tronco llagado,
que con la diestra en alto, tu macizo sagrado
largamente bendiga, como hechura divina