(Continuación sobre el Rey Arturo y el Grial III)
EL SANTO GRIAL
La explicación de la “sangre real”
Por más extraño que parezca, no puede encontrarse en ninguno de los Evangelios una sola mención al estado civil de Jesús. Nada sobre si estaba casado o soltero; ni siquiera para desmentirlo. Este silencio se nos antoja sospechoso. Muchos de los discípulos de Jesús estaban casados y, por otra parte, nunca hizo una sola mención a favor del celibato. Es más, en el evangelio de Mateo, frente a las preguntas de los fariseos, sus palabras dejan ver una clara posición ante el tema del matrimonio y su componente sexual:
“ ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?”
Teniendo en cuenta las creencias de la época, resulta difícil que un hombre que se estaba preparando para la vida pública no estuviese casado. Seguramente hubiera despertado las suspicacias propias de una sociedad donde se consideraba casi como un pecado la soltería. Además, atendiendo a la ley misnaica de los judíos, hubiera sido imposible que recibiera el nombre de “Maestro” sin haber formado una familia.
Si tomamos esta presunción como cierta, se explica el por qué de ciertas incongruencias en el episodio de las bodas de Caná:
— Los novios permanecen durante todo el tiempo en el anonimato.
— María, siendo simplemente la madre de uno de los invitados, se comporta como si fuera la anfitriona, preocupándose por las existencias del vino y dando órdenes a los criados. (Incluso podría detectarse en sus frases el nerviosismo de una madre ante una ocasión tan especial, pues si se tratase de la boda de otros no vendría a marear a su hijo con la intención de que realizara un milagro).
— Siendo la bebida responsabilidad del anfitrión, el maestresala, tras probar el agua transmutada en vino, se dirige a Jesús (¡”llamó al esposo” dice literalmente el texto!) con las siguientes palabras: «Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido lo suficiente entonces saca el peor; pero tú has reservado el buen vino hasta ahora».
Está claro que se trata de la boda de Jesús. Un suceso tan importante, que merece incluso la realización del primer milagro importante.
¿Pero si, como queda demostrado, Jesús era el novio, quién era la novia? En realidad existen dos posibles candidatas: María Magdalena y María de Bethania, la hermana de Lázaro. Aunque muchos afirman que se trata de la misma persona.
En cuanto a la primera, su presencia es permanente en los cuatro evangelios, aunque muchas veces no se la cite por su nombre. Acompaña a Jesús en todo momento, cosa harto sospechosa en aquella época para una mujer soltera, y es la protagonista de la ceremonia principal del ungimiento. (Se trataba de una mujer adinerada, si tenemos en cuenta la insistencia de Marcos en recalcar lo costoso del ungüento). Además, durante toda la historia, Jesús se dirige hacia ella con una delicadeza que sólo puede encontrarse en las frases dirigidas a su madre. Si con esto no bastara, el Maestro la eligió entre todos sus discípulos para revelarle su resurrección, pues fue la primera persona en llegar al sepulcro vacío (por lo demás, actitud bastante normal tratándose de una viuda).
Por lo que se refiere a la tradición popular, que la califica como una prostituta arrepentida, no existe una sola alusión a tal aspecto en todos los evangelios. La frase que aparece en Lucas señalándola como la mujer «de la que habían salido siete demonios», parece más bien relacionarla con una renegada de un culto pagano.
EL SANTO GRIAL
La explicación de la “sangre real”
Por más extraño que parezca, no puede encontrarse en ninguno de los Evangelios una sola mención al estado civil de Jesús. Nada sobre si estaba casado o soltero; ni siquiera para desmentirlo. Este silencio se nos antoja sospechoso. Muchos de los discípulos de Jesús estaban casados y, por otra parte, nunca hizo una sola mención a favor del celibato. Es más, en el evangelio de Mateo, frente a las preguntas de los fariseos, sus palabras dejan ver una clara posición ante el tema del matrimonio y su componente sexual:
“ ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?”
Teniendo en cuenta las creencias de la época, resulta difícil que un hombre que se estaba preparando para la vida pública no estuviese casado. Seguramente hubiera despertado las suspicacias propias de una sociedad donde se consideraba casi como un pecado la soltería. Además, atendiendo a la ley misnaica de los judíos, hubiera sido imposible que recibiera el nombre de “Maestro” sin haber formado una familia.
Si tomamos esta presunción como cierta, se explica el por qué de ciertas incongruencias en el episodio de las bodas de Caná:
— Los novios permanecen durante todo el tiempo en el anonimato.
— María, siendo simplemente la madre de uno de los invitados, se comporta como si fuera la anfitriona, preocupándose por las existencias del vino y dando órdenes a los criados. (Incluso podría detectarse en sus frases el nerviosismo de una madre ante una ocasión tan especial, pues si se tratase de la boda de otros no vendría a marear a su hijo con la intención de que realizara un milagro).
— Siendo la bebida responsabilidad del anfitrión, el maestresala, tras probar el agua transmutada en vino, se dirige a Jesús (¡”llamó al esposo” dice literalmente el texto!) con las siguientes palabras: «Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido lo suficiente entonces saca el peor; pero tú has reservado el buen vino hasta ahora».
Está claro que se trata de la boda de Jesús. Un suceso tan importante, que merece incluso la realización del primer milagro importante.
¿Pero si, como queda demostrado, Jesús era el novio, quién era la novia? En realidad existen dos posibles candidatas: María Magdalena y María de Bethania, la hermana de Lázaro. Aunque muchos afirman que se trata de la misma persona.
En cuanto a la primera, su presencia es permanente en los cuatro evangelios, aunque muchas veces no se la cite por su nombre. Acompaña a Jesús en todo momento, cosa harto sospechosa en aquella época para una mujer soltera, y es la protagonista de la ceremonia principal del ungimiento. (Se trataba de una mujer adinerada, si tenemos en cuenta la insistencia de Marcos en recalcar lo costoso del ungüento). Además, durante toda la historia, Jesús se dirige hacia ella con una delicadeza que sólo puede encontrarse en las frases dirigidas a su madre. Si con esto no bastara, el Maestro la eligió entre todos sus discípulos para revelarle su resurrección, pues fue la primera persona en llegar al sepulcro vacío (por lo demás, actitud bastante normal tratándose de una viuda).
Por lo que se refiere a la tradición popular, que la califica como una prostituta arrepentida, no existe una sola alusión a tal aspecto en todos los evangelios. La frase que aparece en Lucas señalándola como la mujer «de la que habían salido siete demonios», parece más bien relacionarla con una renegada de un culto pagano.