Aquella ceremonia fue muy impactante aunque en aquel momento no comprendí la trascendencia de aquella prédica ni aquel extraño rito. Durante días meditaba cada noche en las palabras de mi abuela Mamá Sofía. No recuerdo cuando fue, ni sé si hubo realmente un día concreto, pero gradualmente fui interiorizando aquellas alegorías y fui haciéndolas mías.
Hoy ya no tengo dudas. Hoy sé que aquel día de mi primera comunión, en que sellé mi obligación con la Iglesia, también me inicié en un nuevo y largo camino que aún no he terminado de recorrer. Es un sendero que conduce hacia la luz, una senda incómoda de búsqueda de la perfección personal que te ayuda a sobrevivir en esta jungla, sembrando solidaridad allá donde florece la codicia, haciendo brotar la igualdad en el lugar donde reina la soberbia y cantando a la libertad entre los plomizos silencios de la tiranía.
Hoy ya no tengo dudas. Hoy sé que aquel día de mi primera comunión, en que sellé mi obligación con la Iglesia, también me inicié en un nuevo y largo camino que aún no he terminado de recorrer. Es un sendero que conduce hacia la luz, una senda incómoda de búsqueda de la perfección personal que te ayuda a sobrevivir en esta jungla, sembrando solidaridad allá donde florece la codicia, haciendo brotar la igualdad en el lugar donde reina la soberbia y cantando a la libertad entre los plomizos silencios de la tiranía.