Cuando el cura nos hablaba de los mártires que habían ofrecido su vida por la fe, ella me replicaba explicándome que la generosidad, el martirio o el espíritu de sacrificio de los seguidores de cualquier religión, ni evidencian ni contribuyen lo más mínimo a la autenticidad de sus creencias.
Don Joaquín siempre nos hablaba de la religión como una revelación de Dios que estaba recogida en los Libros Sagrados; nos instruía en los dogmas de la Iglesia y sin embargo, mi abuela me había educado desde niño a ser especulativo y no aceptar ninguna clase de dogma, ella repudiaba a la gente que por sus incertidumbres se cobijaba en cualquier tipo de creencia basada en un fideismo inocente, en el fanatismo o en la superstición.
Don Joaquín siempre nos hablaba de la religión como una revelación de Dios que estaba recogida en los Libros Sagrados; nos instruía en los dogmas de la Iglesia y sin embargo, mi abuela me había educado desde niño a ser especulativo y no aceptar ninguna clase de dogma, ella repudiaba a la gente que por sus incertidumbres se cobijaba en cualquier tipo de creencia basada en un fideismo inocente, en el fanatismo o en la superstición.