Envuelto en la toalla subimos a mi habitación. Mamá Sofía siguió ayudándome a vestirme el traje de primera comunión. Era un traje de marinero que había comprando de segunda mano a una vecina. Aquellas prendas habían sido utilizadas por el hijo de una de nuestras vecinas en su primera comunión el año anterior.
Por lo ajadas que se encontraban aquellas vestimentas, sospeché que mi vecino no habría sido tampoco la persona que las había estrenado, que otros muchos las habrían utilizado antes que nosotros. Pero no me importaba. Yo me sentía muy dichoso vestido con aquel lazo de tafetán negro y el elegante peto de gala.
Por lo ajadas que se encontraban aquellas vestimentas, sospeché que mi vecino no habría sido tampoco la persona que las había estrenado, que otros muchos las habrían utilizado antes que nosotros. Pero no me importaba. Yo me sentía muy dichoso vestido con aquel lazo de tafetán negro y el elegante peto de gala.