FREILA: Dábale vueltas a la idea en su cabeza y no podía admitir...

Dábale vueltas a la idea en su cabeza y no podía admitir que tal cosa pudiera suceder.
No se atrevía a contar a nadie sus sospechas, pero era necesario consultarlo. Pensó en Victoria, la puta del pueblo que tantas veces le había escuchado sus pesadas conversaciones de borracho. Corrió hacia su casa, a pesar de lo avanzado de la noche Victoria le abrió la puerta y con suma atención escuchó las palabras atemorizadas del padre de Lúa.
Le aconsejó que acudiera a la casa de la Chasca, la matrona a la que había despreciado en el parto de su mujer. Todos en el pueblo decían que la vieja Chasca era una meiga boa y era la única que podría ayudarle si lo que él sospechaba fuera cierto. Durante días dudó en acudir a consultar a la Chasca, su soberbia no se lo permitía. Al final el amor hacia su hija se impuso a su necio orgullo, se armó de valor y un atardecer lluvioso, aprovechando que todos sus convecinos estaban recogidos en sus hogares, se acercó a la casa de la Chasca para confesarse con ella y revelarle sus temores.
Cuando llegó a la casa de la Chasca no necesitó petar, la puerta estaba abierta, intuyó que ella le estaba esperando, parecía como si ella ya supiera de antemano que él iba a ir a visitarla, de hecho, tenía dispuesta sobre la mesa dos tazas de café caliente y dos copitas de aguardiente de orujo de yerbas.
La Chasca escuchó en silencio y con suma atención la narración de los hechos, la maldición proferida contra su hija y las sospechas de que pudiera haberse cumplido. Dejó que el padre de Lúa se desahogara, con frialdad lo dejó llorar cuando rememoró la muerte de su esposa, recordando su negativa a llamarla para que la ayudara en el alumbramiento de la niña y ahora, como castigo a su mal proceder, estaba condenado a la soledad y a la ausencia de su hija.
Cuando hubo terminado, la Chasca hizo un gesto afirmativo con su cabeza, luego le reprochó con dureza la maldición proferida contra su hija, le recordó que la niña era carne de su carne y sangre de su sangre. Evocó principios sagrados, diciéndole que quién da el soplo de vida a un nuevo ser, jamás debe renegar de él, quién maldice a su progenie, maldice al mismo Creador.
El viejo le juraba a la Chasca que estaba totalmente arrepentido, que estaba dispuesto a dar su propia vida a cambio de la vida de la niña, le imploraba ayuda para recuperarla, le exhortaba compasión, le suplicaba su favor. Y parecía que el hombre era sincero.