Cuando los soldados disfrazados de peregrinos llegaron a la aldea, no tardaron en descubrir las tumbas de los enamorados. Armados de una pica y una pala procedieron a desenterrarlos. La vieja alertada por los aullidos de su perro lobo, corrió a detener el acto sacrílego. Aún no habían logrado desenterrarlos cuando llegó la vieja a lugar de la tumba. Con sus brazos alzados se interpuso entre los hombres armados y las sepulturas que estaban cavando, uno de los soldados asertó un golpe con la pica en la cabeza de la anciana y cayó muerta sobre las sepulturas. El cielo no les dio tiempo de seguir con su macabra tarea, repentinamente se tiñó de gris y estalló una ruidosa tormenta, entre ensordecedores truenos, una lluvia de rayos cayó sobre el lugar, despavoridos los soldados huyeron aterrados, un ultimo rayo cayó a los pies de los rosales hundiéndose en la tierra, formando un gran boquete del que comenzó a manar un agua cristalina.
De la vieja hoy ya nadie se acuerda, los rosales unieron sus ramas y hoy a los pies de la fuente de los enamorados brotan cada primavera flores de un irradiante color rosa, simbolizando en su colorido a aquellos amantes que siguen unidos en su peregrinar por el oriente eterno hasta el día que en el juicio final el Creador haga justicia.
De la vieja hoy ya nadie se acuerda, los rosales unieron sus ramas y hoy a los pies de la fuente de los enamorados brotan cada primavera flores de un irradiante color rosa, simbolizando en su colorido a aquellos amantes que siguen unidos en su peregrinar por el oriente eterno hasta el día que en el juicio final el Creador haga justicia.