FREILA: Con las primeras luces del alba, los carceleros encontraron...

Con las primeras luces del alba, los carceleros encontraron en la celda el cadáver de Amaro; había puesto fin a su vida ahorcándose con las cadenas que lo maniataban.

No hubo juicio. Las muertes se hicieron públicas por medio de un bando real, culpabilizando a Amaro del asesinato de la joven Sarah.

Los canteros tras hacerse cargo del cadáver de Amaro, pidieron permiso a la Reina para portar el cuerpo inerte de su joven aprendiz e inhumarlo en su país; deseaban devolverlo a las tierras húmedas del Finisterre donde él vino a la vida, en aquel lejano lugar donde muere el sol cada día, querían devolver el cuerpo del joven a la madre que lo entregó siendo niño a la cofradía de canteros para que lo iniciaran en el oficio y la moral de los constructores de templos.

Tras una ritual ceremonia fúnebre, los canteros abandonaron el pueblo y pusieron rumbo al occidente. Tres de ellos quedaron por algún tiempo para rematar las obras, retejando la cúpula de la iglesia. Cuando finalizaron la obra se presentaron ante la Reina solicitándole permiso para abandonar el reino con las primeras luces del día. Ella, después de comprobar que las obras estaban correctamente rematadas, otorgó su consentimiento para que pudieran abandonar libremente el pueblo, dando orden de que partieran al amanecer del día siguiente. Con las primeras luces del día, un séquito de la guardia real se presentó en el taller de los canteros para acompañar a los tres constructores hasta los límites del reino. Los obreros ya no estaban en el taller, agazapados en las sombras de la noche habían partido en silencio. La Reina sospechó de tan discreta y rápida partida y ordenó exhumar el cadáver de su hija.