FREILA: Asió sus manos con suavidad y fijó su mirada en los...

Asió sus manos con suavidad y fijó su mirada en los ojos de la joven. Ambos quedaron mudos durante largo tiempo mirándose en silencio. Amaro dejó resbalar lentamente las yemas de sus dedos por el rostro de la joven, besando con dulzura los párpados de Sarah. Con una leve gesto de su rostro la invitó a dirigirse hacia el bosquecillo cercano. Mientras caminaban asidos de sus manos, él pidió a Sarah que cegara sus ojos y escuchara el silencio; el leve susurro de las hojas de los árboles meciéndose al compás del viento, el crujir de las ramas al partirse con sus pisadas y el rumor del agua al correr libre por el arroyo; le indicó que se embriagara del aroma de la hierba húmeda, del perfume de las flores en la noche rezumante; que percibiera con sus pies descalzos la mullida sensación del suelo alfombrado de hojas secas. Amaro deseaba despertar en la doncella la facultad de percibir sutilmente el mundo con los cinco sentidos, presagiaba que en aquella estrellada noche sus cuerpos conocerían por primera vez el placer del amor.

Amaro siempre había soñado que el día que se desflorara al amor, fuera de un modo delicado, entregándose con toda la ternura de su alma y con todo la sensibilidad de su cuerpo. Caminaron en silencio hasta llegar a un mullido helechal donde en la fiesta solsticial los miembros de su taller habían quemado la hoguera en la que ritualmente habían purificando su alma saltando sobre las llamas.