FREILA: Cada mañana, a la hora de la misa, con el lenguaje...

Cada mañana, a la hora de la misa, con el lenguaje mudo de sus miradas y con sus cómplices sonrisas, los jóvenes enamorados iban alimentando en secreto sus bellos sentimientos. Cegados por su amor, ninguno de los jóvenes se percató de que en corazón de la Reina también se habían despertado sentimientos hacia Amaro, sus miradas lascivas sólo fueron observadas por el maestro que intuyó que día a día la situación estaba agravando para su joven aprendiz.

Una noche en que los canteros celebraban dentro del recinto de su taller la reunión semanal, ordenaron a Amaro que armado con una espada desenvainada hiciera guardia en el exterior del recinto, para salvaguardar que ningún intruso pudiera franquear la puerta del taller y penetrar en el interior, enterándose de los secretos del oficio de canteros.

Era cerca de la media noche cuando de entre las sombras surgió la joven Sarah. Sigilosa y sonriente se acercó hasta donde se encontraba Amaro haciendo guardia, el joven al verla se quedó petrificado. Ella se paró frente a él sin pronunciar palabra alguna. Sarah iba vestida con un vestido blanco, amplio y llevaba recogido sus cabellos rubios con dos largas trenzas. Amaro la miró en silencio durante interminables segundos. Hincó su espada en el suelo y se acercó despacio hacia ella.