El sacerdote encargado del santuario pidió permiso al maestro cantero para poder oficiar la santa misa cada mañana para que la reina y su hija Sarah pudieran cumplir diariamente con sus oraciones; cesando los canteros en sus trabajos brevemente, durante el tiempo en que se celebraran los oficios religiosos.
En el tiempo de obligado descanso Amaro acostumbraba a quedarse en lo alto del andamio participando en silencio de la ceremonia religiosa. La presencia piadosa de Amaro no pasó desapercibida al sacerdote ni, por supuesto, para la reina ni para su bella hija Sarah. Desde el primer día ambas mujeres se percataron que aquel joven rubio, de cabello rizado y ojos claros, cesaba en su labor al comienzo de los oficios religiosos y seguía con devoción todo su desarrollo.
En el tiempo de obligado descanso Amaro acostumbraba a quedarse en lo alto del andamio participando en silencio de la ceremonia religiosa. La presencia piadosa de Amaro no pasó desapercibida al sacerdote ni, por supuesto, para la reina ni para su bella hija Sarah. Desde el primer día ambas mujeres se percataron que aquel joven rubio, de cabello rizado y ojos claros, cesaba en su labor al comienzo de los oficios religiosos y seguía con devoción todo su desarrollo.