La Iglesia Católica: Al reintegrarse Jesús a los cielos, deja en la tierra, como depositarios de su personalidad e investidos de plenos poderes, como intérpretes de sus enseñanzas y administradores de sus sacramentos, a Pedro y los demás apóstoles, el Papa y los obispos; y otorga a los obispos en unión con el Papa, y al Papa, aun sin los obispos, el privilegio de la infalibilidad, a nombre de Cristo y por la asistencia del Espíritu Santo.