Otra explicación de esta historia, también medieval y castellana, sitúa a El Cid cercando el castillo de doña Urraca en Zamora. El de Vivar había estado enamoriscado de doña Urraca, lo que no evitó que El Cid se pusiera del lado de su señor don Sancho de Castilla en la toma del castillo. Los zamoranos y su reina le afearon esta conducta a El Cid, ya que además había vivido parte de su vida allí. Frente a estas palabras, cuenta la leyenda que El Cid respondió con la frase que nos ocupa.