Según se cuenta, ambos hermanos se encontraron cerca de Montiel, en Ciudad Real, rodeados de sus partidarios. El encuentro derivó en pelea y las espadas salieron de sus vainas. Los partidarios de Enrique acabaron con la vida de Pedro. Esta frase se atribuye a aquellos caballeros que ayudaron a Enrique a ponerse al frente de Castilla cuando el rey era Pedro.