También cuenta el señor Celdrán cómo en el siglo XIX hay muestras del uso de ese “tío” informal, como es este caso:
Amigo mío, ya no pienso como ayer…
Para eso hay que tener cara de vaqueta, tío.
Amigo mío, ya no pienso como ayer…
Para eso hay que tener cara de vaqueta, tío.