Utilizando simplemente un telescopio normal de aficionado, ya es posible observar estrellas de hasta decimosegunda magnitud. Evidentemente la cantidad de flujo luminoso que puede captarse con cualquier telescopio depende de las dimensiones de la superficie de captación del propio telescopio y es proporcional al cuadrado del diámetro del objeto de ese instrumento. Esto significa que un telescopio con un objetivo de 4 m recoge 16 veces más luz que un telescopio de 1 m. además de garantizar una sensibilidad mayor, un telescopio tiene otra ventaja: proporcionar más poder de resolución respecto al ojo humano, o que quiere decir que no solo permite observar objetos más débiles, sino también recoger detalles más finos, que de otro modo escaparían a nuestra vista. Naturalmente, esto tiene un importancia extraordinaria para estudiar la morfología de ciertas clases de cuerpos celestes, como galaxias. La parte principal de un telescopio es el objetivo que cumple esencialmente dos misiones. La primera es recoger la luz de los objetos observados; la segunda, concentrarla en el foco del telescopio. Según el tipo de objetivo que empleen, los telescopios se dividen en dos categorías principales: refractores y reflectores