Se cree que falleció sin enterarse que se había añadido un prefacio a su prólogo dedicado al Papa Paulo III. Este prefacio fue escrito por el impresor Andreas Oslander. En él se afirmaba que la tesis de la obra era puramente hipotética, para ser considerada únicamente por los matemáticos en sus ecuaciones y cálculos, no como algo real. No cabe duda, de que, con esta afirmación, Oslander se cubría las espaldas en caso de que también fueran a por él. Pero tampoco es duda de que, con esa afirmación, el libro no fuera tomado en serio durante 67 años.