Moisés
Legislador y profeta del pueblo hebreo, y una de las figuras más extraordinarias de mundo antiguo. Su nombre significa salvado de las aguas, y tiene su origen en haber sido recogido de las aguas del Nilo, a cuya orilla lo había depositado su madre, burlando la orden del faraón referente a la matanza de los hijos varones de los israelitas de Egipto. Una hija del rey lo halló y lo llevó a palacio, donde lo crió e instruyó en las ciencias egipcias. Siendo ya hombre, se interesó por la suerte de sus hermanos de raza, que sufrían bajo la opresión faraónica. Un día mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo, por lo cual huyó a Madián, donde se estableció como pastor de los ganados del sacerdote Jetró. Estando en el monte Horeb, Dios se le apareció en medio de una zarza ardiente que no se consumía y le dijo que había visto la aflicción de su pueblo y quería librarlo de la opresión y servidumbre en que lo tenían los egipcios, tarea para la cual lo había elegido a él. Después de haberse negado repetidas veces a tomar sobre sí tal responsabilidad por no creerse capaz para tan altos designios, Moisés acepta y parte para Egipto con su hermano Aarón, a libertar a los de su raza. Mas el faraón se niega a dar libertad a los hebreos y, por el contrario, renueva contra ellos los suplicios y echa a los enviados. Ordénale el Señor que se presente de nuevo, y otra vez el faraón se niega a acceder a su pedido. Entonces el Señor aflige a Egipto con las Diez Plagas.
Ablandado el corazón del monarca con los desastres que ocasionaban entre sus súbditos las plagas, permitió la salida de los israelitas. Conducidos por Moisés y precedidos por el Señor en una nube de humo durante el día y en una de fuego durante la noche, los hebreos cruzaron el Mar Rojo, cuyas aguas Moisés había separado por orden de Dios, y que se cerraron de nuevo sobre el ejército egipcio que los perseguía, pues el faraón se había arrepentido de haberlos dejado partir. Al tercer mes de la salida de Egipto llegaron al monte Sinaí, donde recibe Moisés las Tablas de la Ley, y comunica todos los designios de Dios sobre el pueblo elegido. Los israelitas aceptan y se preparan para el tercer día, que será el de la promulgación de la Ley. Después de los holocaustos y sacrificios ordenados por Moisés, conclúyese la alianza solemne entre Dios y el pueblo elegido. Pero Moisés, libertador y guía del pueblo de Israel, dudó de la palabra de Dios y como castigo se vio condenado a no penetrar con los de su raza en la Tierra Prometida.
En edad ya de 120 años, Moisés se despide de los israelitas que van a establecerse por fin en tierra de Canaán, transmite sus funciones a Josué, escribe la Ley y la da a los levitas, y después de otras ceremonias propias de su investidura divina, sube al monte Nebo y allí muere por orden del Señor, quien además lo hace enterrar sin que nadie sepa el lugar de su sepultura. En el último año de su vida escribió el Deuteronomio, exhortación en la que recuerda a su pueblo las maravillas obradas por Dios, le induce a la fidelidad en observar la Ley, y le deja sus últimas instrucciones.
Legislador y profeta del pueblo hebreo, y una de las figuras más extraordinarias de mundo antiguo. Su nombre significa salvado de las aguas, y tiene su origen en haber sido recogido de las aguas del Nilo, a cuya orilla lo había depositado su madre, burlando la orden del faraón referente a la matanza de los hijos varones de los israelitas de Egipto. Una hija del rey lo halló y lo llevó a palacio, donde lo crió e instruyó en las ciencias egipcias. Siendo ya hombre, se interesó por la suerte de sus hermanos de raza, que sufrían bajo la opresión faraónica. Un día mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo, por lo cual huyó a Madián, donde se estableció como pastor de los ganados del sacerdote Jetró. Estando en el monte Horeb, Dios se le apareció en medio de una zarza ardiente que no se consumía y le dijo que había visto la aflicción de su pueblo y quería librarlo de la opresión y servidumbre en que lo tenían los egipcios, tarea para la cual lo había elegido a él. Después de haberse negado repetidas veces a tomar sobre sí tal responsabilidad por no creerse capaz para tan altos designios, Moisés acepta y parte para Egipto con su hermano Aarón, a libertar a los de su raza. Mas el faraón se niega a dar libertad a los hebreos y, por el contrario, renueva contra ellos los suplicios y echa a los enviados. Ordénale el Señor que se presente de nuevo, y otra vez el faraón se niega a acceder a su pedido. Entonces el Señor aflige a Egipto con las Diez Plagas.
Ablandado el corazón del monarca con los desastres que ocasionaban entre sus súbditos las plagas, permitió la salida de los israelitas. Conducidos por Moisés y precedidos por el Señor en una nube de humo durante el día y en una de fuego durante la noche, los hebreos cruzaron el Mar Rojo, cuyas aguas Moisés había separado por orden de Dios, y que se cerraron de nuevo sobre el ejército egipcio que los perseguía, pues el faraón se había arrepentido de haberlos dejado partir. Al tercer mes de la salida de Egipto llegaron al monte Sinaí, donde recibe Moisés las Tablas de la Ley, y comunica todos los designios de Dios sobre el pueblo elegido. Los israelitas aceptan y se preparan para el tercer día, que será el de la promulgación de la Ley. Después de los holocaustos y sacrificios ordenados por Moisés, conclúyese la alianza solemne entre Dios y el pueblo elegido. Pero Moisés, libertador y guía del pueblo de Israel, dudó de la palabra de Dios y como castigo se vio condenado a no penetrar con los de su raza en la Tierra Prometida.
En edad ya de 120 años, Moisés se despide de los israelitas que van a establecerse por fin en tierra de Canaán, transmite sus funciones a Josué, escribe la Ley y la da a los levitas, y después de otras ceremonias propias de su investidura divina, sube al monte Nebo y allí muere por orden del Señor, quien además lo hace enterrar sin que nadie sepa el lugar de su sepultura. En el último año de su vida escribió el Deuteronomio, exhortación en la que recuerda a su pueblo las maravillas obradas por Dios, le induce a la fidelidad en observar la Ley, y le deja sus últimas instrucciones.