En un escrito presentado a la Academia de Estocolmo en 1853, no sólo señaló que una chispa eléctrica produce dos espectros sobrepuestos, uno del metal del electrodo y el otro del gas en que ocurre, sinó que dedujo, a partir de la teoría de la resonancia de Leonhard Euler, que un gas incandescente emite rayos luminosos con la misma capacidad refractiva que los que puede absorber. Esta declaración de Anders Angstrom contiene uno de los principios fundamentales del análisis de espectros.