Como hemos mencionado antes, el efecto del telescopio se puede conseguir con distintas combinaciones de lentes y espejos. En 1611, Johanes Kepler demostró que el mismo efecto se puede obtener con un objetivo convexo y un visor convexo. Conseguía una imagen mayor pero invertida, con lo que añadiendo una tercera lente convexa, se podía enderezar de nuevo la imagen. De todas formas no se extendió mucho su uso entre los astrónomos hasta la publicación de un libro por parte de Christoph Scheiner, quien extendió su uso en 1630. En su estudio sobre las manchas solares, experimentó con telescopios de lentes convexas. Cuando vio a través del telescopio, se encotró con que a pesar de tener la imagen invertida, era más brillante y su campo de visión mucho mayor que con el telescopio de Galileo. En tanto que la inversión de la imagen no tiene importancia en la observación del Espacio, este telescopio tuvo una aceptación general a mediados del siglo.