Si hemos de hacer caso a las narraciones de los lugareños, la chica debió invitar una botella de vino al visitante, puesto que éste, al ver que no llegaba, fue a reclamar al encargado el vino prometido, encontrándose con la sorpresa de que no había ninguna chica, ni el hotel ofrecía vino a sus huéspedes. El encargado le dijo: “no hemos tenido ese espíritu desde 1965”.