Protección bajo la que se habían situado los Caballeros Templarios en la figura de innumerables vírgenes con ese común significado. Las encomiendas del Temple casi invariablemente reciben el nombre de Santa María del Temple, al que se añadía o intercalaba algún nombre de población o característico de esa virgen local. Son vírgenes muy semejantes, tanto que podríamos afirmar que se trataba de un mismo modelo, una imagen en todo similar a la del Cebreiro, lugar que vamos a tomar de ejemplo de esa comunión entre peregrinación, culto a la madre, el simbolismo templario y de vehículo transmisor de antiguas tradiciones a la vez que recipiente –similar al mismo Grial- contenedor de conocimientos enigmáticos, quizá prohibidos, y en todo caso esotéricos ya para su época.