Tras la I GM, Alemania tenía que sustituir sus anticuados e inútiles acorazados pre-dreadnought por el tipo de nave que contemplaba el Tratado de Versalles: una nave de sólo 10.000 toneladas armada con pequeños cañones de 280 mm. Con tales restricciones, lo único que podían botar los alemanes era unos acorazados costeros completamente inútiles para la guerra naval. Eso era, evidentemente lo que pretendieron los vencedores que impusieron tales restricciones. Pero con lo que nadie había contado era con el genio que siempre sale a relucir cuando menos se espera.