La "vacación naval" impuesta en el tratado de Washington impedía construir buques nuevos hasta que transcurriera un plazo, por lo que las marinas se dedicaron a modernizar los acorazados en servicio. Los americanos se limitaron a potenciar el armamento antiaéreo, pero británicos, italianos y japoneses llegaron a reconstruir casi por completo sus mejores acorazados adecuándolos a las dos nuevas amenazas latentes ya demostradas en la I GM: el avión y el submarino. Las reconstrucciones afectaron a las superestructuras, a la mejora de la protección extendiendo el espesor de la cubierta protectora y dotándolos de bulges para mejorar la resistencia contra las explosiones subacuáticas y el armamento antiaéreo que fue objeto de particular atención. Veamos los mejores ejemplos de reconstrucción de acorazados de la I GM: