La nueva nave ya no era una fragata acorazada, sino un acorazado de reducto central con una faja acorazada que protegía la línea de flotación y un auténtico reducto acorazado que llegaba hasta las bordas y protegía la zona central de la nave donde ahora se emplazaba la artillería pesada y los locales de las calderas. Así se ahorraba peso ya que no hacía falta acorazar toda la nave, sino sólo sus partes vitales: flotación y reducto.