En Europa, mientras tanto, Gran Bretaña estudiaba cuidadosamente el desarrollo de su flota. Las naves acorazadas, llamadas "ironclads" (flancos de hierro) continuaron dando firmes pasos adelante gracias a los trabajos de sir Edward J. Reed (1830-1906), flamante director de construcciones navales de la Royal Navy, que en 1863 puso a punto el diseño de un nuevo acorazado: El BELLEROPHON.