Dos días más tarde se marcharon a Mihuatlán; luego a Ateos, donde recibieron mensajeros de los señores de Cuzcatlán, y finalmente entraron en esta ciudad el 17 de junio de 1524. Allí los conquistadores fueron recibidos pacíficamente por el rey Atágat, conocido como Atlacatl “El Viejo” (aunque actualmente la existencia de este personaje está discutida, sin embargo aparece en las crónicas españolas de la época). Esto no evitó actos de pillaje, lo que precipitó la huida de casi todos sus habitantes hacia los montes aledaños, según palabras de Pedro de Alvarado, “halló todo el pueblo alzado, y mientras nos aposentábamos no quedó hombre de ellos en el pueblo, que todos se fueron a las sierras”. Los españoles creyeron que se trataba de un acto de rebeldía y esa misma noche, Pedro de Alvarado giró la orden de matar a la nobleza de Cuzcatlán, ahorcando al rey y a su corte