Alzó su arma implacable y corrió impulsado por la ira que corroía su alma, cuando estaba apunto de darle muerte Miguel se aparto con un gesto tan rápido que Matías casi no pudo ver una rama que sobresalía de aquel cadáver de madera que le atravesó el cráneo produciendo un desagradable ruido.
Miguel observó a su compañero, sus ojos mostraban un escalofriante color blanco, la boca abierta no dejaba escapar ni pizca de aliento.
Caminó hasta su coche para dirigirse a comisaría. Cuando se puso al volante vio una vez más a ese chico, en el mismo sitio donde acabó con su vida:
- ¿Qué quieres de mi? Perdóname, no quería que murieras, solo me asusté -.
El chico hizo un gesto con su mano para que el ejecutivo se acercara. Se acercó llorando y con su cuerpo casi abatido, sin fuerzas, como un pobre zombie.
Se paró frente al joven que lo miró, su cara estaba mutilada le faltaba la mejilla izquierda y la mandíbula inferior.
Miguel sintió un ardor en el estómago, le hervía las entrañas como si dentro de él se consumieran sus órganos vitales. Se levantó su camisa, en su vientre se podía leer en una herida profunda OJO POR OJO. Cuando alzó la vista el chico había desaparecido y en su lugar solo podía distinguir una intensa luz y un sonido que lo arrasó. Un camión lo arrolló como si fuera un pelele. Antes de dejar escapar su último aliento vio al chico frente a él, sonriendo, y cerrando los ojos por última vez se desvaneció dejando solo oscuridad.
Miguel observó a su compañero, sus ojos mostraban un escalofriante color blanco, la boca abierta no dejaba escapar ni pizca de aliento.
Caminó hasta su coche para dirigirse a comisaría. Cuando se puso al volante vio una vez más a ese chico, en el mismo sitio donde acabó con su vida:
- ¿Qué quieres de mi? Perdóname, no quería que murieras, solo me asusté -.
El chico hizo un gesto con su mano para que el ejecutivo se acercara. Se acercó llorando y con su cuerpo casi abatido, sin fuerzas, como un pobre zombie.
Se paró frente al joven que lo miró, su cara estaba mutilada le faltaba la mejilla izquierda y la mandíbula inferior.
Miguel sintió un ardor en el estómago, le hervía las entrañas como si dentro de él se consumieran sus órganos vitales. Se levantó su camisa, en su vientre se podía leer en una herida profunda OJO POR OJO. Cuando alzó la vista el chico había desaparecido y en su lugar solo podía distinguir una intensa luz y un sonido que lo arrasó. Un camión lo arrolló como si fuera un pelele. Antes de dejar escapar su último aliento vio al chico frente a él, sonriendo, y cerrando los ojos por última vez se desvaneció dejando solo oscuridad.