Maldito bastardo, da la cara, ¿Quién coño eres? -. El misterioso hombre echo mano de su pasamontañas y se despojó de él poco a poco.
El ejecutivo no podía creérselo:
- Matías, ¿eres tú? -. Preguntó Miguel mientras observaba perplejo que su atacante, no era otro, que su amigo y compañero.
-Si querido amigo, ¡eres un cabrón! ¿Que te hizo mi hermano para dejarlo morir como a un perro en medio de la nada? -. Mientras Matías explicaba se aferraba cada vez más al puñal que blandía.
- ¿Tú hermano? ¿Cómo sabes que yo lo atropellé?
-Esa misma noche, a las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada, mi hermano me despertó y me hizo esto -. Se levantó la blusa y en una gran cicatriz situada en su pecho se podía leer MATALO.
Miguel se derrumbó y se arrodilló sobre el aún ardiente asfalto, comenzó a llorar desconsoladamente:
El ejecutivo no podía creérselo:
- Matías, ¿eres tú? -. Preguntó Miguel mientras observaba perplejo que su atacante, no era otro, que su amigo y compañero.
-Si querido amigo, ¡eres un cabrón! ¿Que te hizo mi hermano para dejarlo morir como a un perro en medio de la nada? -. Mientras Matías explicaba se aferraba cada vez más al puñal que blandía.
- ¿Tú hermano? ¿Cómo sabes que yo lo atropellé?
-Esa misma noche, a las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada, mi hermano me despertó y me hizo esto -. Se levantó la blusa y en una gran cicatriz situada en su pecho se podía leer MATALO.
Miguel se derrumbó y se arrodilló sobre el aún ardiente asfalto, comenzó a llorar desconsoladamente: