El ejecutivo en un momento de lucidez abrió su coche de forma manual introduciendo la llave, cuando se disponía a entrar el encapuchado aguantó la puerta y forcejeó sin excito, Miguel le propinó una patada. Por fin estaba a salvo en su coche, respiró por un instante. Un golpe sobre el cristal lo hizo estremecerse de nuevo, el encapuchado golpeaba una y otra vez el vidrio con el enorme machete. Miguel arrancó con sus manos temblorosas y se dirigió hacia la entrada arrancando de cuajo la barrera del parking.
Cruzó varias manzanas derrapando en cada curva como un auténtico kamikaze. Detuvo el coche justo en medio de la vía y se puso a llorar apoyado sobre el volante sin percatarse que el ser que lo atormentaba viajaba justo detrás de él, observándolo con los ojos inyectados en sangre.
El ejecutivo atravesaba un día más aquel terreno inhóspito y el temor en su mirada se hacia físico en el temblor de sus rodillas.
Bajó el parasol del coche para evitar que lo cegara el sol que se perdía implacablemente tras las colinas.
Se dio cuenta que estaba a punto de atravesar la curva en la que la noche anterior había atropellado a aquel chico.
Cruzó varias manzanas derrapando en cada curva como un auténtico kamikaze. Detuvo el coche justo en medio de la vía y se puso a llorar apoyado sobre el volante sin percatarse que el ser que lo atormentaba viajaba justo detrás de él, observándolo con los ojos inyectados en sangre.
El ejecutivo atravesaba un día más aquel terreno inhóspito y el temor en su mirada se hacia físico en el temblor de sus rodillas.
Bajó el parasol del coche para evitar que lo cegara el sol que se perdía implacablemente tras las colinas.
Se dio cuenta que estaba a punto de atravesar la curva en la que la noche anterior había atropellado a aquel chico.