Una extraña fuerza amparada en la oscuridad le hizo mirar al pie de la cama, una silueta se alzaba inerte, Miguel intentó levantar su cuerpo que se encontraba totalmente inmovilizado, como si una pesada roca lo sepultara contra el colchón. La figura que parecía flotar y elevarse sobre la cama se inclinó hasta que se colocó a la altura del aterrorizado ejecutivo. Los ojos casi desencajados de ese ser se clavaron sobre Miguel, la cara ensangrentada dejaba caer gotas de sangre que se introducían en su boca y le dejaba un fuerte sabor a oxido, como si masticara pequeñas bolas de metal.
De pronto la tenebrosa sombra se desvaneció, su cuerpo salto de la cama como un resorte, por su espalda resbalaba un río de sudor helado, se volvió y observó a su mujer placidamente dormida. Agarró el reloj de su mesita de noche, los dígitos destellantes marcaban las dos y cuarenta y cinco de la madrugada.
A la mañana siguiente Miguel se levantó temprano como siempre para ir a la oficina, se preparó un café y se sentó delante del televisor a ver las noticias.
De pronto la tenebrosa sombra se desvaneció, su cuerpo salto de la cama como un resorte, por su espalda resbalaba un río de sudor helado, se volvió y observó a su mujer placidamente dormida. Agarró el reloj de su mesita de noche, los dígitos destellantes marcaban las dos y cuarenta y cinco de la madrugada.
A la mañana siguiente Miguel se levantó temprano como siempre para ir a la oficina, se preparó un café y se sentó delante del televisor a ver las noticias.