Eneas está ausente y no lo sabe; que siga sin saberlo y estando lejos. Tú tienes distintos templos: Pafos, Idalia, y la alta Citera: ¿Por qué atacas a una ciudad preñada de guerras, y a unos ásperos corazones? ¿Acaso yo trato de destruir desde sus cimientos los restos que se desvanecen de Frigia? ¿Yo, quien enfrentó a los desgraciados Troyanos con los Griegos? ¿Cuál fue la causa por la que Europa y Asia se han levantado en armas y por la que se han roto los tratados? ¿No fue un rapto, el de Helena? ¿Dirigí yo a Paris, el adúltero Troyano, cuando asaltó Esparta? ¿He sido yo quien ha puesto los dardos en las manos, o quien favorecí las guerras por medio de Cupido? Entonces tuvieron ocasión los tuyos de haber tenido miedo; ahora es tarde para quejarte; además, pleiteas con unas quejas tan injustas y a destiempo".
Con tales palabras terminó de hablar Juno y todos los habitantes de cielo se estremecían con diferentes sentimientos, de la misma manera que cuando las primeras brisas hacen murmurar a los bosques y los ciegos murmullos que revolotean, auguran a los marineros los vientos y las tempestades que han de venir.
Con tales palabras terminó de hablar Juno y todos los habitantes de cielo se estremecían con diferentes sentimientos, de la misma manera que cuando las primeras brisas hacen murmurar a los bosques y los ciegos murmullos que revolotean, auguran a los marineros los vientos y las tempestades que han de venir.