FREILA: No me mueve nada referente a quién debe mandar; teníamos...

No me mueve nada referente a quién debe mandar; teníamos ciertas esperanzas de esto mientras las cosas nos fueron prósperas.

Que venzan los que tú quieras. Si no hay ningún lugar que Juno, tu cruel esposa, pueda dar a los Troyanos, suplico, ¡oh Padre1 por los despojos destruidos y humeantes de Troya que, por lo menos, se me permita sacar de la pelea sin daño a Ascanio, que sobreviva mi nieto. Que Eneas, ciertamente, sea arrojado a costas desconocidas, y que siga el camino que le presente la Fortuna, cualquiera que sea: tendré fuerzas para proteger a éste y sacarlo de la cruel batalla.

Tengo diferentes santuarios: Amato, y la elevada Pafos y el templo de Cytera y el de Idalia: que pase lo que le queda de vida en uno de ellos, entregadas las armas y sin honor. Manda que con un gran poderío Cartago sojuzgue a Ausonia: la ciudades Tirias no encontrarán ningún obstáculo. ¿De qué le ha servido a Eneas escaparse de la peste de la guerra, o haber huido a través de los fuegos que encendieron los Griegos, o haber sorteado tantos peligros agotadores, tanto en el mar como en la extensa tierra en la búsqueda del Latio por los Troyanos, y de la construcción de una nueva Troya?