Reunió en un gran montón todo lo que le podía recordar a Eneas, con el fin de prenderlo fuego y así, creían todos, poder desembarazarse de ese amor que todavía sentía por él. Pero los pensamientos de Dido eran otros. Ella misma estaría en la cúspide de aquella pira, ella misma se inmolaría en sacrificio por lo que había hecho, y en despecho por haber sido abandonada por su amante (en la imagen).
Una de las cosas que había amontonado era la espada de Eneas. Ese fue el instrumento que empleó para quitarse la vida, al mismo tiempo que se quemaba todo lo que le había pertenecido, ella misma entre todas las demás cosas. Sin embargo, no estaba demasiado entrenada en las armas y el golpe que se dio no fue todo lo certero que hubiera sido necesario. Tardaba en exhalar el último suspiro. Júpiter se compadeció de ella y envió a la mensajera de los dioses, Iris, a que aliviara el último momento de la reina Dido.
Una de las cosas que había amontonado era la espada de Eneas. Ese fue el instrumento que empleó para quitarse la vida, al mismo tiempo que se quemaba todo lo que le había pertenecido, ella misma entre todas las demás cosas. Sin embargo, no estaba demasiado entrenada en las armas y el golpe que se dio no fue todo lo certero que hubiera sido necesario. Tardaba en exhalar el último suspiro. Júpiter se compadeció de ella y envió a la mensajera de los dioses, Iris, a que aliviara el último momento de la reina Dido.